Interacción
atmósfera-océano a escala planetaria
Alberto
Linés Escardó
Doctor en Ciencias. Meteorólogo
RESUMEN
Muchos
años han transcurrido antes de que el hombre se diera cuenta
cabal de la decisiva importancia del océano en los procesos
atmosféricos. Y cuando se ha percatado de tal cosa, ha
caído también en la cuenta del insuficiente conocimiento
de todo lo relativo a la hidrosfera. No puede extrañar,
por tanto, que la Organización Meteorológica Mundial
que cada año propone un tema para reflexión en el
Día Meteorológico Mundial, haya propuesto el de
"El tiempo, los océanos y la actividad humana".
Acertado tema el elegido, pues por una parte, es un recordatorio
de que al papel de los océanos durante décadas no
se le ha dado un lugar demasiado preeminente en la Meteorología,
y que la actividad humana, en el sentido mas general de este concepto
depende en grandísima parte del tiempo atmosférico,
y éste guarda estrecha relación con los movimientos
en gran escala dentro de la hidrosfera.
Sistema
Climático y modelos acoplados atmósfera-océano
Dos
temas de sumo interés han puesto a la oceanografía
entre las prioridades de la investigación dentro del campo
de la Meteorología: por una parte, es sabido que
para profundizar en el estudio del clima, hay que considerarlo
dentro del llamado Sistema Climático, que consta de cinco
componentes: atmósfera, hidrosfera,
litosfera, criosfera y biosfera. El primero y el último
de estos cinco elementos resultan tal vez los mas directamente
relacionados con la subsistencia del hombre.
Tenemos
que destacar que en los estudios de los balances de energía
a escala planetaria, queda patente que la hidrosfera es el gigante.
Basta suponer que aumentar en un grado la temperatura de una columna
de aire desde el nivel del mar hasta el tope de la atmósfera
supone la misma energía calorífica que elevar también
en un grado la temperatura de una masa de agua de la misma sección
y de tan solo dos metros y medio de profundidad. Los cambios térmicos
en la atmósfera son enanos comparados con los cambios térmicos
en las masas marinas. Por tanto, no se puede dar un paso en el
estudio del clima o del cambio climático, sin conocer a
fondo el papel que juega el océano.
En
la predicción del tiempo se emplean cada vez y con mas
éxito los modelos de circulación general: una vez
parametrizada, se dan valores al tiempo, bien unas horas o unos
días, según sean los diferentes pronósticos
y su finalidad. En esos modelos de circulación se venían
observando notables lagunas y fallos, hasta que se
han perfeccionado con introducción de los llamados "modelos
acoplados atmósfera-océano", sin que por ello
se hayan olvidado otros efectos, como el del terreno, rozamiento
y algunos mas.
Y
es que cuando se profundiza en el estudio de la Circulación
General Atmosférica, se nos presenta el triple problema
de la redistribución del calor, de la humedad
y del momento cinético. Solo nos vamos a fijar en el primer
aspecto: Ningún modelo puede ser válido si no justifica
como redistribuir el excedente de calor de las
zonas intertropicales hacia el resto del planeta; de no haber
tal mecanismo, dichas zonas intertropicales se caldearían
indefinidamente. Existe, pues, el problema de
averiguar como se transportan inmensos contingentes de calor desde
las zonas donde la donde hay excedentes a aquellas en que hay
déficit, es decir, las polares. El
aire en sus movimientos juega un papel importante, pero no decisivo
dado su relativamente bajo calor específico. El vapor de
agua, gracias al elevado valor del calor
latente de vaporización, juega un papel importantísimo,
pero aún teniendo en cuenta los dos procesos anteriores,
resultan insuficientes. Y es preciso tomar en cuenta
la capacidad de almacenamiento de calor de la hidrosfera. Las
corriente marinas son portadoras de una inmensa capacidad calorífica,
y son decisivas en el clima de
extensas zonas del globo.
En
el Atlántico tenemos buen ejemplo de ello: ciudades o tierras
que están a una misma latitud a un lado u otro del océano
tienen climas absolutamente diferentes.
Así, el de Vigo es mucho mas suave y benigno que el de
Boston. No puede compararse tampoco el clima rigurosísimo
de Cabo Harrison, en la Península de
Labrador, con el de Belfast, que está casi a la misma latitud.
Y es que las costas occidentales de Europa están bañadas
por una corriente templada y al otro lado del Atlántico está la corriente fría de Labrador.
Por análogas razones, los climas de Río de Janeiro
y de Arica son totalmente diferentes, pese a estar casi a la misma
latitud.
Oscilación
Austral: el fenómeno Niño
En
estos años, un fenómeno al parecer originariamente
oceánico ha cobrado enorme actualidad: el llamado Niño,
o también Oscilación Austral. Como es sabido, la
corriente fría de Humbolt fluye por las costas chilenas,
luego por las peruanas y antes de llegar al círculo ecuatorial
se desvía completamente hacia el Oeste, ya algo
caldeada. En un año normal, en los días mas largos
del año, hacia Navidad y de ahí el nombre, la corriente
fría se curva anticipadamente hacia el Oeste y sobre todo
en Perú hay unos días muy cálidos, con agua
caliente en las playas. Lo normal es que tal cosa dure muy pocos
días, a veces tan pocos que el fenómeno pasa casi
desapercibido.
En
cambio, otros años, algo así como uno cada seis,
el fenómeno Niño no dura solo algún día,
sino que meses. La pesca desaparece súbitamente sobre todo
en Perú, creando graves problemas económicos; además,
se trastoca por completo la circulación atmosférica:
las masas frías y las cálidas cambian de lugar.
Llueve
torrencialmente en lugares secos, a veces en desiertos y hay aguda
sequía en otros normalmente húmedos. Entre 1982
y 1983 hubo un fenómeno Niño de proporciones desconocidas
y que se simultaneó con grandes anormalidades atmosféricas
en casi todo el mundo. El ecosistema marino de las zonas central
y oriental
del Pacífico Ecuatorial fue el que sufrió las consecuencias
mas directas del fenómeno. En los mismos años hubo
grandes incendio provocados por la sequía en Borneo y Australia,
algún ciclón devastador en Tahití, algo raro
en aquella isla y a la vez inundaciones en la costa oriental de
América del Sur , en parte de Estados
Unidos y en Brasil. En España y no solo en España,
padecimos una de las peores y mas implacables sequías de
este siglo.
En
estos dos últimos años estamos viviendo también
un prolongado episodio cuya duración alarma y no sin justificación
a los expertos del cambio climático. Las consecuencias
del evento Niño son diferentes de un año a otro.
En 1997, en nuestras latitudes ha habido persistentes lluvias
torrenciales y muy largos períodos
secos. Las repercusiones del Niño en escenarios lejanos
no son sencillas de identificar.
Hay
importantes estudios acerca de la repercusión de El Niño
en nuestras latitudes. Hemos encontrado que, en las estaciones
mediterráneas, el coeficiente de variación de los
valores de precipitación mensual, excluidos julio y agosto,
es mas alto en los años Niño que en los que no lo
son. Es decir, sin que se pueda afirmar
si llueve mas o menos, lo que parece bastante probado es que la
distribución de la precipitación en el año
es anárquica. Sin embargo, al buscar una distribución
espacial de tal coeficiente de variación, poco o nada se
encuentra.
A
propósito de estas posibles repercusiones, aparte del trabajo
citado, debemos citar la relación de El Niño con
las lluvias en la España Atlántica, trabajo de Manuela
Brunet y Diego L. Bonillo, de la Universidad de Tarragona. Y hace
tres años, Mercedes Laita leyó en Palma su tesis
doctoral sobre los complejos efectos del Niño en el Mediterráneo.
La bibliografia en el resto del mundo es abundante e incluso se
han encontrado anomalías climáticas en Suecia en
relación con El Niño.
Interacción
atmósfera-océano a escala planetaria
El
fenómeno Niño no es un fenómeno sólo
de la atmósfera o sólo de la hidrosfera; es un efecto
complejo de interacción de ambos componentes del sistema
climático terrestre; los fenómenos observados en
las costas sudamericanas del Pacífico forman parte de un
fenómeno mucho mayor, tal vez de alcance planetario.
Los
movimientos en gran escala de las masas oceánicas, sobre
todo en las capas profundas, hasta no hace mucho eran poco conocidos.
Hoy día se han multiplicado los observatorios y las boyas
oceánicas y son mejor estudiadas no sólo las corrientes
marinas superficiales, sino también las profundas.
Tal
vez uno de los fenómenos que mas alteraría la distribución
de los climas a escala mundial sería una desviación
permanente en alguna de las principales corrientes marinas, aun
en el caso de que tal desviación no fuera muy acusada.
Los especialistas prestan una atención prioritaria a este
posible problema que podría tener consecuencias impensables.
A
una escala geográfica menor, como puede ser en la cuenca
Mediterránea, cambios en el comportamiento del mar tendrían
importantes repercusiones. Así, el aumento de la temperatura
en el Mare Nostrum, inducido por el efecto invernadero, aumentará
la evaporación en verano en dicho mar, y como el periodo
de estiaje de sus grandes ríos será posiblemente
mas largo, se podrá esperar una intensificación
de la corriente marina procedente del Atlántico a través
del Estrecho de Gibraltar. Esta previsible intensificación
de dicha corriente, al menos en forma estacional, debería
ser tenida muy en cuenta para las grandes obras de ingeniería
en proyecto o en marcha para la comunicación de los continentes
a través del Estrecho.
En
resumen, todo cuanto se haga por conocer mejor el comportamiento
de los océanos, va en beneficio del conocimiento de la
atmósfera y sus cambios.
Madrid, 11 de marzo 1998