Tornados
en el Mediterráneo Occidental
Miquel Gayà
Instituto
Nacional de Meteorología. C. M. T. Illes Balears
1. Introducción
Los tornados han sido considerados como fenómenos muy
raros en nuestra región. Fujita (1973) no citaba a
España como una región en la que los tornados
tuvieran alguna relevancia. Sin embargo, los tornados que
se han producido en los últimos diez años han
suscitado el interés de la comunidad científica
(M. Gayà y A. Soliño (1996), M. Gayà
et al. (1997), F. Martín et al (1995)) y han puesto
de relieve que los tornados tienen una presencia importante
en las regiones del Levante español y, muy especialmente,
en las Islas Baleares.
El
National Severe Storm Forecast Center de Estados Unidos define
como tormenta severa a aquella que produce al menos una de
las manifestaciones siguientes: tornado, granizo superior
a 3/4 de pulgada (~2 cm) o rachas de viento superior a los
50 kt (~90 km/h). Algunas rachas de viento están sumamente
concentradas espacialmente (reventones) y pueden causar destrozos
semejantes a un tornado. En algunas ocasiones, ambos fenómenos
se pueden dar en una misma tormenta (proximidad espacial y
temporal). Una minuciosa observación de campo puede,
en la mayoría de las veces, discriminar el tipo de
fenómeno que se ha producido ((figura
1)). Una trayectoria larga y relativamente estrecha, con
daños convergentes, es debida muy probablemente a un
tornado. Contrariamente, una corta y ancha senda distribuida
divergentemente, será un reventón o un microfrente
de salida de la tormenta. Sin embargo, pueden reconocerse
verdaderos tornados inmersos en una descendente violenta o,
como consecuencia de ella, generarse un gustnado.
En
otras ocasiones, tornados débiles (con velocidades
inferiores a los 120 km/h) pueden pasar inadvertidos o producir
daños muy escasos que permitan verificarlo (o con velocidades
mucho más intensas en el caso de las trombas marinas).
2.
Una aproximación climatológica
Los fenómenos raros requieren una serie de datos especialmente
larga. La estabilidad climatológica de los tornados
se ha cuantificado en unos 35 años para los Estados
Unidos (Schaefer J.T. y R. L. Livigston, 1990). La serie que
se ha usado aquí sólo cubre el período
1989-1997. A pesar de ello, algunas características
ya pueden ser advertidas.
2.1
Tornados en tiempos históricos
Los tornados han sido citados en muy escasas ocasiones. C.Clerghorn
(1751), advierte la presencia frecuente de torbellinos y tormentas
en otoño y dice que las trombas marinas alcanzan ocasionalmente
las costas menorquinas. F. Weyler (1855), dice que las trombas
se presentan en ciertos años y en primavera. Otras
fuentes escritas citan los daños causados y el recorrido
de un tornado concreto (figura
2). M. Grimalt (1992) sólo cita 10 tornados en
Mallorca, de los que 6 son anteriores al año 1900.
Este tipo de documentación sugiere que los tornados
han sido una rareza relativamente común en nuestra
región a pesar de ser considerados, todavía
hoy, como pertencientes a otras latitudes. Asimismo, estas
referencias sitúan un mayor número de casos
durante el período de agosto a noviembre.
2.2
Tornados en los recientes años
el viento ha sido el factor de severidad considerado. Veititrés
tornados se han producido en Illes Balears en el periodo 1989-
setiembre de 1997 en 16 días diferentes. Esto es, tres
días registraron más de un tornado, 3 el 21
de setiembre de 1994, 2 el 4 de julio de 1995 y el 12 de setiembre
de 1996 se produjeron cinco tornados (y seis entre las 20
horas del 11 y las 7 del día 12).
Todos
los tornados de los que se ha realizado el estudio de campo
han sido ciclónicos.
2.2.1
Distribución geográfica
La figura
3 muestra la trayectoria de los tornados ocurridos en
Illes Balears durante el período 1989-setiembre de
1997. Los símbolos "Y" representan los lugares
donde se tiene constancia de la ocurrencia de una tromba marina
o de un tornado. En este caso, la información disponible,
no contempla la dirección de la trayectoria ni su longitud
(5 casos). La distribución geográfica muestra
una cierta tendencia a la presencia de tornados en zonas con
alta densidad de población (excepto Palma). Por el
contrario, los municipios con una escasa urbanización
tienen, en general, una menor o nula presencia tornádica.
Este hecho también ha sido observado por Grazulis (1990)
que asimismo advierte como la intensidad del tornado se acentúa
en las zonas urbanas. Un caso es especialmente relevante:
el tornado de Ciutadella-Ferreries (08/10/1992) no afectó
ningún núcleo de población y su trayectoria
fue, en gran medida, sobre un pinar. La fotografia
1 muestra una imagen de la zona captada desde un vuelo
de la Conselleria de Medi Ambient, Ordenació del Territori
i Litoral del Govern Balear. El vuelo se efectuó a
10.500 pies de altura y se realizó tres años
después de la ocurrencia del tornado. A pesar del tiempo
transcurrido, sus efectos fueron tan importantes que aún
eran visibles claramente. La línea de trazos muestra
la región barrida por el tornado (obsérvese
la diferente tonalidad del suelo) y, punteada, la zona que
supuestamente atravesó y que no es claramente identificada.
La fotografia
2 presenta el estado del pinar en el punto de la imagen
1 señalado con el símbolo (+) y fue tomada desde
helicóptero en los días inmediatos al suceso.
La imagen pone de manifiesto como el borde derecho de la trayetoria
tiene una intensidad mayor en los tornados ciclónicos.
En
cuanto a la longitud de la trayectoria, los tornados han presentado
un recorrido obligatoriamente limitado por el marco geográfico
del territorio de referencia. En la figura
3 se aprecia como una buena parte de los tornados ha tenido
un punto de inicio marítimo o muy próximo a
la costa. Incluso alguno, por ejemplo el caso de Cala Vedella
(Eivissa), ha tenido también el punto de despegue sobre
el mar.
La
longitud de la trayectoria (figura
4), medida linealmente desde el punto inicial (touchdown
) hasta el punto de salida (liftoff ) presenta una
longitud media de 6.0 km, semejante a la encontrada, en el
periodo 1975-1991, por Turner y Snow para el estado de Indiana
(EEUU), 5.7 km e igualmente similar a la hallada por Dessens
y Turner para Francia, que fue de 8.5 km. La mayoría
de los tornados tuvieron un recorrido inferior a los 6 km
y sólo dos superaron los 12 km.
2.2.2.
Distribución temporal
Las tormentas que han generado tornado se han producido en
los meses de junio a noviembre. La distribución a lo
largo del año se muestra en la figura
5. En ella se aprecia como la frecuencia de tornados tienen
un máximo durante el mes de setiembre (~50% entre setiembre
y octubre) y como, durante le período considerado (1988-
set. 1997), los meses de diciembre a mayo no presentaron ningún
caso. Es importante reseñar que en menos de 24 horas
se produjeron 6 tornados en setiembre de 1996. Las referencias
de tornados anteriores al período considerado muestran
una misma tendencia a los mismos meses. Sin embargo, existe
documentación con tornados durante el mes de enero,
especialmente en la isla de Menorca.
Si
se tiene en cuenta la distribución estacional de las
trombas marinas en el mismo período, la distribución
sigue siendo más relevante en los meses de setiembre
a noviembre (~60%).
La
distribución observada en Illes Balears es marcadamente
diferente a la observada en Estados Unidos que presentan un
máximo durante los meses de primavera (Garinger L.
P. y K. R. Knupp, 1990) y se asemeja más a la mostrada
en Francia (Dessens J. y J. T. Snow, 1989), especialmente
cuando se focaliza la atención en la región
mediterránea.
Para
mostrar la influencia del calentamiento diurno y su influencia
en la aparición de la tormenta, la hora del evento
se ha reconvertido en hora solar normalizada del lugar geográfico
(el día tiene 12 horas de orto a ocaso y doce horas
nocturnas). De esta forma, la distribución horaria
en la que se presentó cada uno de los tornados se muestra
en la figura
6a. En ella aparece como el período más
frecuente es durante la tarde y primeras horas de la noche.
Sin embargo, si se considera el caso de las trombas marinas
(figura
6b), la distribución presenta dos características
destacables: no existe gran diferencia entre la frecuencia
de la mañana y de la tarde. Esto es, no se advierte
ninguna influencia del caldeamineto solar, incluso en las
zonas costeras más próximas. En segundo lugar,
no aparece ningún caso en las horas nocturnas. La explicación
es obvia y atribuible a que, en este tramo horario, la detectabilidad
del fenómeno es extremadamente escasa, salvo que afecte
a alguna embarcación. Esta característica está
presente en el caso de los tornados con mucha menor incidencia.
Sin embargo, ésta es importante en el caso de tornados
débiles cuyos efectos pueden ser asociados a un reventón
o al frente de racha de la tormenta, o pasar inadvertidos.
2.2.3.
Intensidad de los tornados
La escala Fujita (1981) atribuye una velocidad según
los efectos sobre las estructuras y es ampliamente usada en
todo el mundo. En los tornados y otros fenómenos severos
en los que interviene el viento, la escala es de seis puntos,
del 0 al 5.
A
pesar de su difusión, la escala ha sido contestada
debido a su subjetividad. De algún modo, cada investigador
de campo valora la velocidad máxima según un
criterio particular. Las estructuras removibles son diferentes
en cada pais tanto en tipología de las construcciones
como en el tipo de vegetación arbórea y suelos
sobre los que se asientan. Grazulis (1990) recalificó
un gran número de F2 a F1 al considerar especificaciones
más concretas en cuanto al número y cualidad
de los destrozos. Asimismo, Ostby (1993) observa como la frecuencia
relativa de los tornados débiles ha ido aumentando
al mismo tiempo que la de los fuertes decrecía.
La
escala F se ha aplicado junto al estudio fotográmetrico
en el caso del tornado de la Espluga de Francolí (Tarragona)
con aceptable coincidincia (Gayà
M. y A. Redaño, 1996). Lamentablemente, esta técnica
no ha podido ser usada en otros casos al carecer de imágenes
de video o referencias topográficas fiables, especialmente
en el caso de las trombas marinas.
En
el caso de Illes Balears, la velocidad estimada según
los criterios que establece la escala Fujita se muestra en
la figura
7a y tiene una distribución semejante a la que
se encuentra en otras regiones del mundo. Más de la
mitad de los 18 tornados estudiados han tenido una intensidad
débil (F0-F1), mientras que los tornados fuertes (F2-F3)
han tenido una frecuencia relativa algo inferior al 50%. No
se han detectado ningún tornado violento (F4-F5).
Esta
distribución de frecuencias, según su intensidad,
se ajusta mejor a la que se encuentra en Estados Unidos cuando
se consideran todos los tornados (23 casos) si se asigna un
valor F0 a aquellos tornados de los que se desconoce su intensidad
(figura
7b). En el caso de Illes Balears, esta actuación
es razonable pues es raro que un tornado significativo (mayor
o igual a F2) pase inadvertido.
Con
todo, la frecuencia relativa de tornados fuertes (F2-F3) es
mayor en Illes Balears que la encontrada por Livingston y
Schaefer en Estados Unidos donde se sitúa en torno
al 22% del total.
Los
datos referentes a la anchura de la trayectoria son insuficientes
para presentar nigún tipo de conclusión. En
términos generales, la mayoría de los tornados
han tenido una anchura máxima de su trayectoria en
torno a los 150-250 metros. Como se aprecia en la fotografia
1, el tornado de Ciutadella-Ferreries (tasado como F3)
tuvo una amplitud considerable, en torno a los 800-1000 metros.
En
cuanto a los daños causados por todos los tornados
de Illes Balears sobre las personas, se celebra el que no
haya habido ninguna desgracia personal irreparable, y solo
algunos heridos. Por contra, los daños materiales han
sido importantes aunque difícilmente cuantificables
económicamente. El tornado de Ciutadella-Ferreries
habría causado unas pérdidas de unos pocos millones
de pesetas mientras que, el tornado que afectó el entorno
industrial del aeropuerto de Eivissa, superó los 500
millones. La tasación de las pérdidas materiales
en las zonas rurales es dificil de evaluar al no estar difundido
el seguro sobre las propiedades y por el escaso valor económico
atribuido a los bosques o al arbolado (los seguros agrarios
cubren fundamentalmente las cosechas). Las zonas turísticas
de las islas también han sido afectadas por los tornados
y los daños han sido igualmente elevados. Sin embargo,
debe advertirse que muchas instalaciones no tienen una adecuada
resistencia al viento. En cambio la protección ante
la siniestralidad meteorológica es mucho más
elevada, por lo que los costes son más fácilmente
evaluados.
En
muchas ocasiones, violentos frentes de racha, reventones y
trombas, aparecen junto a granizo de gran tamaño. La
fotografia
3 muestra el estado en que quedó un avión
ligero al introducirse en una tormenta con pedrisco que, en
tierra, causó una tromba marina y un violento frente
de racha sobre el aeropuerto de Palma y sus alrededores (rachas
superiores a los 110 km/h).
3.
Conclusiones
- Los
tornados son relativamente frecuentes en el área
mediterránea, especialmente en Illes Balears. No
se aprecia un aumento de la frecuencia (cambio climático)
salvo en la atención que se presta al tema en estos
últimos años. Una adecuada atención
daría, en otras regiones mediterráneas,
un notable incremento de las apariciones tornádicas.
- Los
tornados en la comunidad Illes Balears es tan frecuente
como en los estados de mayor incidencia de Estados Unidos.
- La
incidencia es especialmente notable en los meses de setiembre
a noviembre. La tendencia general a presentarse en las
horas de la tarde y primeras horas de la noche, se ha
visto enmascarada por dos eventos multi-tornádicos
que han provocado una desviación hacia las horas
nocturnas.
- Según
Dessens y Snow (1989), en Francia se han referenciado
cuatro tornados violentos desde 1965 por lo que la no
presencia hasta la fecha de ningún tornado violento
en nuestra región, no debe considerarse como imposible.
- Si
se toman los meses de con mayor incidencia de trombas
y tornados, setiembre y octubre, y se compara con el número
de días de tormenta de estos meses en el mismo
periodo, se advierte que alrededor del 9 % de los días
de tormenta hubo alguno de estos fenómenos. La
proporción aumenta al considerar los reventones
y los frentes de racha severos. Esta alta severidad de
los meses del final de verano y otoñales invita
a reflexionar sobre los mecanismos de defensa y, a los
profesionales de la predicción meteorológica,
a tratar de recortar el trecho entre el fiat Dei Voluntas
de nuestro antepasado y el aviso certero.
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